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¿México a los BRICS?

Si bien es cierto que la principal ventaja de México fue el barato precio de la mano de obra, lo que no es factor de competitividad frente a China, al menos de momento, la posición geográfica bioceánica de México puede ser la clave de una nueva complementariedad y el proveedor de los mayores incentivos para la readaptación de la economía mexicana frente a un vecino hostil e imperialista, y un mundo crecientemente multipolar.

Si bien nadie lo está planteando, el arancel impuesto de 25% a los productos mexicanos de Donald Trump, podría -en caso de extenderse en el tiempo- convertirse en un poderoso argumento de México para buscar asilo a mediano y largo plazo en el Sur Global. 

Nadie lo plantea, pues todos están a la espera de ver si la medida arancelaria funciona como una pistola al pecho del gobierno de Claudia Sheinbaum para que México acceda a la intervención estadounidense en ambos lados de la frontera estadounidense-mexicana, para perseguir tanto migrantes como narcotraficantes. Es decir, si se trata todo esto de una amenaza de breve duración para un objetivo diferente al económico.

Ese escenario es probable, pues desde el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte -vigente desde 1992- las economías canadiense, mexicana y estadounidense se volvieron completamente interdependientes, y el alza generalizada de aranceles del 25% es algo que va a dañar severamente a los tres países. Probablemente Estados Unidos -con la maquinita de imprimir dólares- resista mejor el chaparrón, y logre imponer sus términos a mexicanos y canadienses, quienes probablemente se arrodillarán frente a los designios de Trump con tal de volver a los términos del Acuerdo.

Pero, también es posible que los Estados Unidos de Trump busquen una situación permanente, para producir una reindustrialización del país, aparejada a una presión inflacionaria que creen poder manejar si es que el fin de la guerra en Ucrania acaba con el alza de los precios de la energía y los alimentos.

En ese escenario ¿qué debería hacer México? No le quedaría otra opción que acudir a los planes C, D, F, G y etcétera que están en el playbook de Sheinbaum, para buscar un nuevo lugar de México en el mundo. Pero -pese a la cantidad de letras en el abecedario- la única en formato capital es la ‘Ch’ de China. Es cierto que las economías de China y México no son complementarias, salvo relativamente pequeños sectores, pero el país latinoamericano demostró una capacidad enorme para convertir sus fuerzas productivas en un complemento perfecto para Estados Unidos en solo un par de décadas.

¿Puede hacer lo mismo México con China? 

Si bien es cierto que la principal ventaja de México fue el barato precio de la mano de obra, lo que no es factor de competitividad frente a China, al menos de momento, la posición geográfica bioceánica de México puede ser la clave de una nueva complementariedad y el proveedor de los mayores incentivos para la readaptación de la economía mexicana frente a un vecino hostil e imperialista, y un mundo crecientemente multipolar.

[Deep Seek ¿Los pantalones largos tech de China o una bandera roja de burbuja de la IA]

La irrupción de DeepSeek en el mercado de inteligencia artificial creó el caos bursátil y el derrumbe de los actores estadounidenses de esta tecnología, que amenaza con convertirse en una revolución en sí misma, por sobre la ya en curso de internet.

La aplicación -en horas- produjo un aluvión de descargas e inmediatamente dio muestra de una eficiencia de recursos que dejó atónitos a quienes siguen el sector. 

Se suponía que las compañías chinas estaban lejos de las estadounidenses en la materia, y el anuncio de Donald Trump de la creación de Stargate, un megaconsorcio financiado con US $500.000 millones para desarrollar la IA en Estados Unidos -sin las restricciones planteadas por Europa- era un paso adelante que volvería al país un líder inalcanzable.

DeepSeek parece ser la prueba viviente de que eso no será así.

Sin embargo, hay otros observadores del sector que comienzan a preguntarse si es que lo de DeepSeek no es más bien una red flag de una burbuja en torno a la IA, la cual no representa una nueva etapa de la humanidad, sino sólo un alza en la capacidad de procesamiento de datos. 

Al respecto recomiendo leer:

– DeepSeek Mayhem: cómo se compara una startup china de inteligencia artificial con ChatGPT y otras, de Chandrasheakr Srinivasan en NDTV.

– ¿DeepSeek hará estallar la burbuja de la IA de VC? de Chris Metinko en Crunchbase.

– ‘Ahora es la época de los monstruos’ de Ezra Klein en The New York Times,

También es interesante este post en Linkedin de Antonio Gulli, senior director de Google, donde analiza la eficiencia de los distintos modelos de IA. 

[Presidenciales en Chile ¿2025 o 2013?]

El progresismo chileno tiene un rompecabezas que resolver para definir no solo sus candidatos presidenciales, sino que también sus liderazgos y el contenido de sus proyectos. 

En esto, el Frente Amplio parece acercarse a resolver su dilema nominando a Carolina Tohá, una figura que hace tan solo cinco años repudiaban por una lista de razones que simplemente desaparecieron de la reflexión, siendo la primera de ellas su militancia: el PPD, el mismo partido que rechazaron para la primaria de 2021. 

La centro-izquierda, por su parte, comprende que en el país reina una especie de efebofobia, asociada a la mala evaluación de Gabriel Boric por su falta de experiencia y frivolidad -lo cual también parece comprender el joven alcalde Tomás Vodanovic, quien se niega a asomar la nariz en esta pasada-, por lo que buscan un némesis del actual Presidente. 

Algunos creen haberlo encontrado en un ex Presidente; Eduardo Frei Ruiz-Tagle, de 82 años, de una seriedad a las antípodas de Boric, en lo que lo único que los une es en un pasado familiar DC.

[Macuacua y el racismo] 

Hace poco entrevisté -junto con Ana Carvajal- a Horácio Macuacua, un afamado y respetado coreógrafo mozambiqueño, quien vino a Chile en el marco del Festival Santiago Off, a realizar una residencia y un solo: Horácio Macuacua, Aquí el artículo de Interferencia“En Mozambique y en Chile la gente baila en las calles y eso nos une”.

La conversación corrió por las lógicas que unen (y todavía no unen) al Sur-Sur; América Latina y África, en un mundo donde las gravitaciones de poder cambian, al mismo tiempo en que la de los referentes artísticos y culturales.

La entrevista resultó -a mi juicio bien- pero lo que más me sorprendió fue lo que pasó en torno a ella; una reacción racista y ramplona en redes sociales. Desde luego, comentaban quienes ni siquiera la habían leído, atacando -entre otras cosas- que en Chile no se baila en las calles. Algo que me parece se refrenda en cualquier parque de Santiago y frente a cualquier gran pared de vidrio, donde muchos jóvenes desmienten aquellos comentarios racistas.


 



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